La Serpiente del Pedregal: un petrograbado de doce metros


Para los pueblos mesoamericanos que llegaron después de la erupción, este mar de lava petrificada era una manifestación tangible del inframundo. Sobre el cerro Zacatepetl, la loma del Zacayuca y la lava circundante se extendía un vasto complejo ceremonial —el Santuario del Zacatepetl— donde se realizaban cacerías sagradas y rituales para mantener el equilibrio del cosmos. Se cree que algunos promontorios y cuevas sirvieron para la ceremonia del Fuego Nuevo, celebrada cada 52 años para renovar el ciclo del universo.

El vestigio más impresionante es “La Serpiente” o “Víbora del Pedregal”: un relieve colosal de diez a doce metros de longitud, tallado directamente sobre una laja de lava plana. Representa una serpiente de cascabel —símbolo de agua, tierra y fertilidad— flanqueada por un caracol y una figura que sugiere un mono.

Otro petrograbado corrió una suerte más extraña: el llamado “Diablo de Moctezuma”. Es sin duda una deidad prehispánica, pero el sincretismo colonial lo transformó en figura demoníaca con cuernos, alimentando durante siglos los miedos de las comunidades vecinas. La colonia está, literalmente, tatuada de historia.

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