La primera gran residencia del fraccionamiento fue la Casa Prieto López —hoy Casa Pedregal—, construida entre 1947 y 1951 en Avenida de las Fuentes 180. Barragán convenció a su amigo Eduardo Prieto López de arriesgarse a vivir sobre la lava, y diseñó los espacios de manera intuitiva, directamente sobre el terreno, dictando muros y ventanales según las rocas y las vistas al Popocatépetl y al Iztaccíhuatl.
Nada de colores estridentes: terracotas pálidas que exaltan la negrura del basalto, viguería de sabino, duelas de ahuehuete, y la piedra irrumpiendo en patios hundidos y en la icónica alberca esmeralda. El mobiliario, creado ex profeso por Clara Porset, completó una síntesis total de las artes.
En 2013, el coleccionista César Cervantes compró la propiedad y emprendió cuatro años de restauración —precedidos por uno entero de investigación— para devolverle su pureza de 1951. Las antiguas caballerizas se transformaron en el Centro Cultural Tetetlán (“lugar entre muchas piedras”): restaurante con ex-chefs de Pujol, biblioteca, fotografías de Armando Salas Portugal, yoga y mercado orgánico, con pisos de cristal que dejan ver la lava viva bajo tus pies. La casa solo se visita con reservación: es un espacio vivo, no un museo.
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